Polución Electromagnética

Definición

La polución electromagnética está provocada por varias fuentes de generación de ondas y campos electromagnéticos:
  • Campos eléctricos alternos (baja frecuencia), provocados por las líneas eléctricas y los equipos eléctricos, incluso si estos no están en funcionamiento.
  • Campos magnéticos alternos (baja frecuencia), provocados por los aparatos eléctricos en funcionamiento, cables de alimentación, transformadores, generadores eléctricos, etc.
  • Ondas electromagnéticas generadas por estaciones emisoras de televisión, radio, telefonía móvil, radares e incluso algunos aparatos de cocina, videojuegos o equipos de oficina.
  • Electricidad estática generada por pantallas, fibras sintéticas de moquetas y cortinas o superficies cubiertas por materiales sintéticos como barnices  o metal.
  • Campos magnéticos estáticos generados por sistemas fotovoltaicos, imanes o metales magnetizados que usamos a diario.

Causas

Los aparatos eléctricos y electrónicos han hecho aumentar desmesuradamente la contaminación electromagnética en nuestras vidas. Además de la influencia de los campos magnéticos naturales, como el generado por el propio planeta, sufrimos la influencia de estos campos magnéticos artificiales, mucho más intensos. Sus consecuencias no son bien conocidas actualmente, pero cada vez hay más preocupación sobre qué consecuencias pueden tener estos campos magnéticos sobre los humanos.


Síntomas

Un ejemplo, demostrado por varios estudios científicos, es el de cómo afectan estos campos al sistema nervioso de los humanos y a sus biorritmos. Los campos electromagnéticos afectan a la segregación de la hormona melatonina por parte de la glándula pineal.

La mayor producción de melatonina se genera durante las horas de oscuridad, y se sintetiza a partir de otra hormona, la serotonina. Durante las horas de oscuridad, el cuerpo produce la enzima N-acetil-transferasa (NAT) que transforma la serotonina en N-acetil serotonina, para que otra enzima, la hidroxil-indol metil transferasa (HOMT), la acabe convirtiendo en melatonina.  

El problema es que la enzima NAT puede ser destruida por la luz, las sustancias químicas y la contaminación electromagnética, por lo que la producción final de melatonina se ve afectada por la falta de esta enzima. La falta de melatonina puede provocar depresión (Shafii 1991, Moore-Ede 1992, Boikat 1993), problemas de sueño (SITTLER 1989), fatiga y letargia (Arendt 1987), disrupción del ciclo día-noche e inmunodeficiencia (Mani 1989), entre otros problemas de salud.  La falta de esta hormona incrementa también el riesgo de padecer cáncer.

Existen estudios que muestran que tras la eliminación de la influencia de los campos electromagnéticos, la generación natural de melatonina aumenta en un factor de 5-15, disminuyendo el riesgo de sufrir los problemas de salud antes mencionados (Anderson, 1990, Wilson 1986)


Prevención

Las personas alérgicas o que padecen enfermedades ambientales, debido a sus propios problemas inmunológicos, reaccionan a casi cualquier tipo de alteración, y tanto ellos como las personas preocupadas por la polución electromagnética deberían adoptar medidas para reducirla. Éstas son algunas de ellas:

El lugar por donde se debe empezar es por nuestro hogar, midiendo los campos magnéticos que tenemos en casa con un detector para poder identificarlos. Por ejemplo, puede alejar el despertador eléctrico de su mesita de noche de su cabeza hasta que la medición sea de 0 nanoteslas.

En la medición se debe tener en cuenta que cada aparato eléctrico genera campos magnéticos de diferentes tamaños, e incluso cada cable de alimentación o los cables de las instalaciones eléctricas que están por dentro de las paredes los generan.


Otras medidas
  • Desenchufar los aparatos si no se están utilizando y utilizar  regletas y cables alargadores blindados.
  • Tener en cuenta la contaminación electromagnética que generan los aparatos antes de comprarlos. Por ejemplo, comprar solo teléfonos DECT de baja radiación de última generación, que no emiten ningún tipo de radiación mientras el teléfono está en reposo, tanto si el terminal está o no en el cargador, y que emiten hasta un 65 o 75% menos de radiación que los inalámbricos convencionales cuando se está utilizando.  
  • Desactivar la función de red inalámbrica del router.

Un ejemplo: Los teléfonos inalámbricos DECT

Wolfgang Maes es experto en bioconstrucción y polución electromagnética y constantemente es consultado por personas que sufren los mismos problemas: les cuesta mucho dormir, el sueño no es reparador y están nerviosos. Según Maes, “muchos de ellos han comprado recientemente un teléfono inalámbrico o lo ha hecho alguno de sus vecinos y tras cambiar el teléfono recién comprado, el problema desaparece. Pasa tan a menudo que no puede ser coincidencia”.

El principal problema con los teléfonos inalámbricos es que funcionan con la normativa DECT estándar, lo que permite que los teléfonos tengan funciones fáciles de usar y que para poder funcionar la emisión de ondas de radio tengan que ser convertidas en pequeños impulsos de ondas. Con el sistema DECT, la estación base comprueba constantemente si los terminales están conectados, aunque el teléfono se encuentre colocado en la estación base, es decir, emite radiación a toda nuestra casa e incluso puede afectar a nuestros vecinos, ya que emite radiación en forma de 100 impulsos por segundo, algo que investigadores críticos están revisando.  Los investigadores se han dado cuenta de que la emisión de radiación en impulsos, como la utilizada por los teléfonos inalámbricos y los teléfonos móviles, pueden modificar patrones en nuestro cerebro y pueden dificultar la comunicación entre las células de nuestro cuerpo. Algunos de estos investigadores temen que esto no solo pueda causar insomnio, sino también daños en el sistema inmunológico e incluso cáncer. En cambio, existen otros estudios financiados principalmente por los fabricantes y sus asociaciones que afirman una y otra vez que no hay peligro, y que son en los que se basan los límites oficiales de radiación.


Investigación sobre la radiación emitida por varios teléfonos de Wolfgang Maes

Queríamos saber cuánta radiación emiten los dispositivos digitales actuales, por lo que pedimos a Wolfgang Maes que analizara 16 teléfonos inalámbricos DECT. Escogimos teléfonos simples sin buzón de voz o opción de fax, de entre 100 y 200 € de precio, excepto uno de la marca Bang & Olufsen con un precio de 350€. La evaluación del confort y de la comodidad de uso procede de la revista Connect. Esta prestigiosa revista sobre telecomunicación examina regularmente todos los teléfonos, no solo los inalámbricos, sino también los móviles, los faxes y los módems. Los exámenes se realizan en el laboratorio de la revista, donde los aparatos son analizados para posteriormente ser evaluados y puntuados por los editores.

La conclusión fue que aunque los 16 teléfonos DECT tienen buena puntuación, no los podemos recomendar porque todos generan contaminación electromagnética de manera permanente.

EL problema es el siguiente: Las estaciones base de todos los teléfonos testados envían impulsos de radiación comparables a los de una antena de radio de teléfonos móviles a 20 metros de distancia. El peor puntuado de los teléfonos es el Panasonic KX-TCD 950 con un resultado de 100 nW/cm2 (nanovatios por centímetro cuadrado), superando al resto de teléfonos, incluso a una distancia de la estación base de 3 metros.

El Dr. Lebrecht von Klitzing ha observado cambios en el cerebro cuando se expone a estos niveles de radiación, por lo que ha sido atacado para que su opinión no llegue a ser conocida. Tras su trabajo con niños enfermos, el Dr. Von Klitzing recomienda que el nivel de radiación no exceda el 1nW/ cm2, algo que no consigue ninguno de los teléfonos examinados, ya que emiten radiación a un nivel más alto que 1nW/ cm2, incluso estando a una distancia de 10 metros de la estación base.



Autora: Sylvia Kossligk
Fecha: Enero 2002 (revisado Noviembre 2008)
Traducción: David Palma

Bibliografía:
1st Stress by electricity and radiation. IBN 2000.
2nd Merk, H.F. : Electrosmog, electrical stress. Kiwi Verlag 1999


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